(Post de mi autoria rescatado del extinto blog Movimiento Blason.)

Hace algún tiempo ya, que tome el primer libro en mis manos y por voluntad propia más que por una fastidiosa obligación escolar, le leí a completo tratando de descifrar cada palabra e imaginarme cada oración contenida en el. A partir de él me vi inmerso en un deleitable vicio que hoy aun conservo. Con que gusto me adentro en las líneas de Sócrates leyendo los diálogos de Platón o imagino antiguos tiempos con los diversos ejemplares de la historia universal, aun mas placer me provocan aquellas maravillas literarias que en mi mediana edad he llegado a leer.
Pocas cosas me entretienen al día de hoy como recorrer las palabras de aquellos grandes de este mundo e imaginar las características de los antiguos genios que nos han legado el más grande tesoro de la humanidad, el conocimiento. Así es, por que fue este el que nos llevo a evolucionar al punto actual, esa curiosidad nata, el ansia de saber, de descifrar los maravillosos secretos de la vida, de ejercitar eso que nos ha de separar de la bestia.
Sin embargo a mi pesar, pareciera que lo anterior descrito y aquello que disfruto por sobre muchas cosas es una cualidad en desuso en estos tiempos, como si aquellos que buscamos con ansia todo conocimiento por vago que este sea fuésemos una rama del género humano que por voluntad propia tal vez, se ha colocado al borde de la extinción.
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